Un mango que se resbala o se dobla con el uso hace que cualquier rutina de higiene se vuelva incómoda y menos constante. Un agarre firme y estable permite controlar mejor el movimiento y llegar a la zona más profunda de la lengua sin esfuerzo, mientras que una cabeza con bordes curvos y superficie lisa arrastra los residuos sin dañar la piel. Pequeños detalles como estos son los que hacen que un hábito se mantenga en el tiempo, en lugar de abandonarse a los pocos días.




